Trabajar ocho horas deteriora tu salud y no te hace más productivo

Trabajar ocho horas deteriora tu salud y no te hace más productivo

Ocho horas de trabajo son excesivas. Prejuicios como el de que hay que quedarse unos minutos u horas extras para que nuestros jefes opinen que somos más productivos que otros empleados, o el solo hecho de creer que la productividad se basa en la cantidad de horas que pasamos en la cocina no corresponden necesariamente a la realidad.

A menudo pensamos que la jornada laboral tradicional que se tiene por ejemplo en España de ocho horas, es el tiempo óptimo de trabajo para dar resultados positivos en cuanto a productividad y a calidad el trabajo. Pero lo cierto es que no tiene nada que ver. Está comprobado en otros países que trabajar menos horas, pero hacerlo de forma inteligente y sin perder tiempo en tareas absurdas, es mucho más eficiente. Trabajar en exceso al final hace que perdamos nuestro potencial de creatividad, que estemos fatigados, estresados y que dejemos de estar al 100% en lo que hacemos.

Lo óptimo es trabajar cuando somos más productivos, y aún así, como sí es preciso marcarse unas pautas de trabajo, hay que tomarse breves descansos cada cierto tiempo para dejar que el cerebro se refresque, que desconecte para volver a conectarse luego.

¿De dónde viene lo de trabajar ocho horas?
Esta norma llegó con la revolución industrial porque para maximizar la producción, las fábricas necesitaban determinar un horario para todos o la mayoría de sus trabajadores.

Robert Owen fue la persona que propuso seccionar el día en tres partes: ocho horas dedicadas al trabajo, ocho para el ocio y ocho para dormir. Sin embargo, en función de cuándo empiece tu jornada laboral esta división de horas puede ir descompensada con tus ritmos biológicos y hacer que te sientas más cansado.

Sin embargo, todos sabemos que no sólo no son ocho horas las que trabajas, sino que tienes un tiempo de desplazamiento -que puede ser bastante amplio según donde vivas-, el tiempo de limpiar y planchar tu ropa de trabajo, el de prepararte la comida para comer en la oficina -porque si tuvieras que ir al restaurante cada día no te quedarían apenas beneficios de tu trabajo- y además esas presiones añadidas de ven antes de tu hora de trabajo y quédate veinte minutos, o quizás cuarenta más, antes de salir. Porque no puedes irte aunque haya llegado tu hora si cualquier cosa de trabajo no ha quedado finalizada o falta a que vengan a buscar un paquete, o porque el jefe quiere hablarte de algo y no quiso gastar tus horas de trabajo para ello.
Lo más óptimo para ser productivo es dedicar las horas en las que estés más despejado a aquellas tareas en las que debas estar al 100% y centrarte en ellas. Deja de querer hacerlo todo a la vez, al final la calidad de cada una de las tareas que estás haciendo se reduce.
Tu concentración tiene un máximo de noventa a cientoveinte minutos. Después necesita desconectar. Si no tienes otra alternativa que quedarte en el trabajo durante ocho horas puedes tomarte dos momentos al día de quince minutos de descanso.

Otra opción es la técnica Pomodoro: trabajar en espacios de veinticinco minutos con descansos de cinco minutos. También puedes dividir tu día en noventa minutos y asignar cada noventa minutos a una tarea concreta; cuando la acabes deberías descansar veinte minutos.

 

 



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