Reir protege tu cerebro

Reir protege tu cerebro

Hay muchas ocasiones en que nos levantamos con el pié torcido, o simplemente ocurrió algo, o nos dijeron algo que hizo que pasáramos el resto del día sumidos en una absoluta negatividad. ¡Qué difícil es salir de ella! ¿Verdad? Muchas veces hasta nos regocijamos en ese malestar una y otra vez, compadeciéndonos a nosotros mismos o buscando que otros se compadezcan de nosotros. Somos tan absurdos o dramáticos a veces que hasta nos ponemos música triste cuando tenemos el día de bajón o activamos la lista romántica de Spotify cuando nos ha dejado el novio/a (vamos, sabemos que te has puesto Pablo Alborán o Conchita cuando estabas solo/a en tu habitación, pero no te avergüences, no eres el/la único/a). Bueno ¡Basta! Hay que aprender a tomarse los “problemas” -y lo digo entre comillas porque probablemente ni siquiera es un problema, sino un giro de la vida o sencillamente una situación temporal, que no sólo va a hacer que te fortalezcas y que aprendas de los fallos cometidos, sino que quizás te traiga nuevas oportunidades- de otra manera mucho más calmada y más benevolente con nosotros mismos.

En realidad sabemos bien que no es más que un estado anímico, que de pronto puede suceder algo que haga que veamos todo distinto, el problema es que no sabemos cómo cambiarnos ese “chip”, cómo activar ese interruptor que haga girar nuestra visión de la realidad. Pues bien, está científicamente comprobado que el método más eficaz contra esa negatividad es precisamente reírse, reírse aún cuando no se tienen ganas de reír, obligarnos a comportarnos como cuando estamos felices para que de pronto nos encontremos con que esa risa es cada vez menos fingida.

Freud ya afirmaba que las carcajadas son capaces de liberar al organismo de cualquier energía negativa, y de hecho, es una necesidad biológica -piensa que los bebés ríen cuando apenas tienen unos pocos meses de edad-. Al reír liberamos endorfinas, las llamadas “hormonas de la felicidad”, que nos alivian el dolor -pues actúan como la morfina-, nos da energía, despierta nuestra creatividad, fortalece los pulmones y el corazón, reduce la presión arterial, despeja la nariz y los oídos debido a que la risa hace que vibre la cabeza, aumenta las contracciones de los músculos abdominales -favoreciendo así la digestión-, permite que durmamos mejor, alivia la depresión, la timidez, y facilita la comunicación interpersonal.

A modo de apunte, siéntate a observar a cualquier persona que conozcas que tenga depresión. Lo más probable es que a nivel de salud las cosas no le anden bien -y es que el cerebro y el resto del cuerpo están totalmente conectados-, que su estado anímico afecte a la vida de aquella gente a la que quiere, que a nivel afectivo y/o laboral tenga más de un conflicto. Muy posiblemente, esa persona hasta haya comprobado que le salieron canas antes de tiempo, que el estado de su piel se ha deteriorado durante su enfermedad, y que se ha descuidado en cuanto al cuidado de su estética. La depresión hace que te deteriores a nivel físico y a nivel cerebral, así que debe ser una prioridad para ti cuidar que tu “yo” esté en perfectas condiciones.

De modo que la próxima vez que pierdas un empleo, tengas mal de amores, se te estropee el coche, o sencillamente te levantes de mal humor, ponte una película de risa, mira un monólogo de alguien que te encante o llama a algún amigo/a que sepas que te hará reír. Recuerda que no está en tu mano cambiar lo que otros decidan, pero sí tu manera de tomarte las cosas. Oblígate a reír hasta que la risa se vuelva real.

 

 



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