Por qué todas mis relaciones fracasan ¿Es mala suerte o soy yo?

Por qué todas mis relaciones fracasan ¿Es mala suerte o soy yo?

La suerte o la mala suerte no son realidades en sí mismas, son connotaciones que a veces atribuimos al azar en función de nuestras circunstancias. Un mismo hecho podemos verlo como suerte o mala suerte según si en ese momento nos causa satisfacción o no -nótese que no he dicho que el hecho en sí nos convenga o no, sino lo que en ese momento sentimos como positivo o no. Un ejemplo obvio es un embarazo -para unos es lo más maravilloso que puede sucederles y otros lo sentirían como una desgracia, porque no tienen medios para afrontar el nacimiento de un bebé, porque son demasiado jóvenes… hay mil circunstancias que pueden hacer sentir un embarazo como algo no deseado, como una “mala suerte”. Esto ocurre con todo, pero lo cierto es que, si bien no podemos controlar siempre lo que sucede e influye el azar en el desarrollo de los acontecimientos de nuestra vida, una gran parte de lo que nos ocurre es pura consecuencia de nuestras decisiones.

A menos que hayas nacido en una tribu o un país islámico donde es común realizar matrimonios de conveniencia, lo más probable es que tus parejas hayan sido personas escogidas por ti. De los cientos, miles o millones de personas que conociste en tu vida, esas personas han sido las “seleccionadas” para compartir tu vida. Si tus relaciones fracasan una y otra vez, la primera pregunta que deberías hacerte es qué te aportaron esas personas para que quisieras o necesitaras unirte emocional y físicamente a ellas.

Ocurre que cuando por ejemplo no nos hemos sentido queridos por nuestros padres, hermanos o abuelos, durante el resto de nuestra vida buscamos el afecto de personas con atributos similares a éstos de una forma desesperada. Si nos pasamos la infancia buscando la atención de otros, querremos personas que estén muy pendientes de nosotros, que nos halaguen, que nos suban la autoestima constantemente. Si nuestros padres tenían un aspecto y una actitud muy viril, si somos mujeres, buscaremos ese patrón en otros hombres, si somos hombres, seguramente trataremos de imitar algunas o todas esas actitudes al asociarlas con el concepto de virilidad, aquello que como hombres supuestamente debemos ser.

El hecho es que uno por uno, debes identificar qué fue lo que te ofrecieron tus ex parejas y por qué necesitabas esa sensación, qué tipo de agonía o inquietud tenías dentro antes de conocer a esa persona. ¿Fue atención, generosidad, romanticismo, erotismo, simple aceptación…? ¿Por qué tenías la necesidad de conseguir esa sensación?

Una vez hayas hecho esto deberías de identificar qué eran aquellas cosas que no te gustaban de esas personas y cuál fue el motivo que hizo que se dejara la relación. ¿Hay algún factor que se repite?

El tercer paso es recordar, relación por relación, cuáles fueron los comentarios de rechazo de tus parejas. ¿Qué les molestaba?¿Qué les hacía sentirse frustrados en la relación? Haz un ejercicio de memoria, recuerda aquellos comentarios, discusiones o momentos de tensión. ¿Hubo por tu parte alguna actitud negativa? ¿Podías haber actuado de forma diferente?

Es importante hacer este ejercicio de autoanálisis cada vez que nos ocurre algo que consideramos negativo, y especialmente si un suceso se repite, como es el fracaso de nuestras relaciones sentimentales, es prácticamente seguro que estamos repitiendo actitudes o conductas que no nos favorecen. Es esencial identificarlas para poder modificarlas en adelante.

Antes de iniciar una nueva relación, es muy recomendable que estés una temporada larga (entre ocho meses y dos años) solo/a. No quiere decir que en alguna ocasión quedes con algún chico o alguna chica, puedes tener vida social, pero no comprometerte a tener una relación estable. ¿Por qué? Porque tienes que pensar, sentirte solo, echar de menos algunas cosas y evolucionar como persona. Si tienes problemas con algún tipo de adicción, oblígate a abandonar tu adicción durante este tiempo, si tienes algún tipo de trastorno, o tienes una ira descontrolada, o tienes miedos, celos, sensación de agobio constante, lo que sea que hayas identificado como un problema en tus relaciones (y en especial en la relación contigo mismo), es el momento de ir a un psicólogo, de meditar, de superar esa limitación tuya de la que sólo tú eres responsable. Ese tiempo solo es una inversión en ti, es la oportunidad de demostrarte a ti mismo que no necesitas a nadie para vivir y ser feliz, que eres autosuficiente, y de cambiar tus ideas y hábitos por otros que sean más favorables para ti y para tu familia.

No te lamentes, no te culpes, no te martirices, y mucho menos te hagas la víctima de lo ocurrido, sólo avanza, mejora, supérate para abandonar lo que no te funciona y adoptar un nuevo enfoque de vida que te permita crecer.

 

 

Fotografía de Erin Nekervis.



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