¿Por qué me ha dejado? Lo que ocurre realmente tras una ruptura

¿Por qué me ha dejado? Lo que ocurre realmente tras una ruptura

Si has pasado por una o más rupturas de pareja, ya sabes que nunca es fácil. No es fácil para ninguna de las dos partes, sin importar si eres tú quien ha dejado la relación o ha sido la otra persona quien ha tomado la decisión. Normalmente la recuperación suele ser mucho más fácil para la persona que ha tomado la decisión, pues normalmente ha sido ésta quien ha perdido la sensación de enamoramiento, se ha enamorado o al menos se siente atraída por otras personas, o como mínimo tiene razones de peso para no querer seguir la relación. Para el otro, el que es dejado, la situación suele ser muy diferente. Hay casos en los que se sigue en la relación por cobardía o por inercia, pero normalmente la persona dejada se queda con la sensación de que no había motivos suficientes para romper la relación. Aún ama, o al menos siente dependencia emocional por la persona con la que mantenía una relación, y se siente profundamente dolida y decepcionada. ¿Por qué me ha dejado? Se preguntará una y otra vez.

Cuando una persona nos deja, es muy probable que haya habido señales de que la relación no funcionaba durante algún tiempo. Normalmente se nota en la frecuencia de las muestras de afecto, en el tiempo que uno desea estar junto al otro, en el terreno sexual, en la frecuencia de las disputas o en la frecuencia en que nuestra pareja hablaba de una tercera persona. Sin embargo, cuando queremos al otro, sentimos que esas señales son sólo rachas, una época de menos intensidad emotiva o sexual, algo totalmente superable. Para el otro, para el que ha dejado de querer pasar tanto tiempo con nosotros, para el que no tiene ganas de intimidad sexual, o se ha enamorado de otra persona, o sencillamente le ha afectado más las disputas mantenidas, la relación se vive como algo insostenible. Ya no nos ve como alguien valioso, o al menos mucho menos valioso que cuando inició la relación con nosotros, ya no siente ilusión, excitación, ni ganas de luchar por nada. La frase de “No eres tú, soy yo” es tan recurrida porque en realidad la persona que abandona la relación deja de ver al otro, ya no le importa excesivamente lo que suceda con él, ahora sólo ve su propio camino y ya está valorando los distintos rumbos que podría tomar de forma individual.

Muchas veces, cuando nos dejan, nuestro pensamiento se resiste a ver que el otro ya sólo se importa a sí mismo, que nuestro rumbo le es completamente indiferente. Nuestro cerebro devuelve de forma insistente imágenes de ambos sentados en el sillón, abrazados, viendo la serie televisiva de moda, o aquel momento, pocos días o incluso horas antes de la ruptura, cuando en la cama nos abrazaba y nos aseguraba lo mucho que nos quería. Entramos en una profunda confusión, nos preguntamos una y otra vez si eran reales esas muestras de afecto, por qué las hacía si ya no sentía nada, o lo más probable, seguimos convenciéndonos a nosotros mismos que aún nos quiere. Sí, eso lo hacemos prácticamente todos. No importa si su armario está vacío, si lo has visto riendo y besándose con otra persona por la calle, si no ha contestado a ninguna de tus llamadas, o si se ha decidido a dejarte sin blanca en los juzgados, él o ella aún nos quiere, y por mucho que los demás traten de abrir nuestros ojos, seguimos anclados a esa idea. Es imposible que todas esas muestras de afecto que nos hacía fueran falsas, no somos tan estúpidos como para no habernos dado cuenta de que todo era una pantomima.

Lo cierto es que hasta que una persona toma la decisión final de dejarnos, ha pasado por muchas fases. Para esa persona la ruptura empezó mucho antes de que nosotros nos enteráramos, para cuando nos dice que ya no quiere estar con nosotros, ha tenido tiempo de valorar muchas cosas. Quien te ha dejado ya ha pensado muchas veces en si se va a arrepentir si te deja, y su respuesta por supuesto, ha sido un quizás, pero no le importa, porque ya no le importas lo suficiente. Ya ha intentado conectar con personas del sexo opuesto, ya ha valorado su valor como mujer u hombre en el mercado de relaciones sexuales o amatorias, ya se ha hastiado de ti, ya ha valorado cómo afectará la decisión a tu familia, a la suya, a los amigos, y a los hijos si se tienen. Ya lo tiene todo pensado. En todo este proceso, ha tenido dudas, por supuesto. Quizás un día llegó a casa decidido a dejar la relación y vio las galletas que le habías preparado y se vino abajo, y quizás en ese momento pensó que debía seguir contigo, pero como esa persona ya no estaba todo lo comprometida contigo que debía haber estado, a la que vio uno de tus defectos aflorar, o tuvisteis una discusión, la idea de agobio y de querer estar solo volvió a su cabeza aún con más intensidad.

Deja de preguntarte qué pudo haber pasado por su cabeza, en realidad nunca lo sabrás de forma fidedigna. Lo único que realmente puedes hacer es controlar tu actitud y mirar hacia adelante, plantearte qué rumbo quieres que tome tu vida e ir a por ello. Deja de repetirte que tú querías andar tu camino junto a esa persona porque esa persona ya partió hace tiempo su propio camino, y o te dejas hundir en el lodo, o recoges tu dignidad y sigues andando con ella. No lo/a llames, no le escribas, no te presiones para dejar de quererla tampoco (pues créeme que tú no controlas estas cosas), sencillamente avanza, cuídate mucho, date muchos gustos a ti mismo/a y trata de ilusionarte con la libertad y las posibilidades que tienes ante ti.

 

 



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