Mi hijo sólo quiere comer lo que le gusta

Mi hijo sólo quiere comer lo que le gusta

Educar a tu hijo no es sólo llevarlo al colegio o enseñarle a no cruzar el paso de peatones en rojo. Educar es mucho más que eso, es también enseñarle a cuidar de sí mismo, a ser inteligente en sus decisiones.

Cuidar de nosotros mismos empieza por aprender que tenemos un cuerpo y un cerebro formado por células vivas que hay que alimentar y proteger. Como cualquier ser vegetal o animal, somos conjuntos de células y cada una de nuestras células tiene un tiempo de vida limitado, susceptible de ser acortado por la acción de mil agentes externos (tabaco, radiación, polución…).

De todos estos factores, que son múltiples, habrá muchos que no podamos evitar, pero hay otros especialmente decisivos a la hora de prevenir enfermedades psíquicas y físicas (pues ambas partes están conectadas), que sí debes cuidar en ti y en tus hijos. El más importante de estos factores es la alimentación, y tú como padre o como madre tienes la obligación (repito, la obligación) de enseñar a tus niños a cuidar de sus neuronas, de su sangre, de sus huesos y de sus músculos. Puede que sea lo más valioso que le enseñes nunca, pues aunque nunca vas a saber de qué enfermedades les has prevenido, con el tiempo subirás a una persona sin problemas de obesidad, de malnutrición, con unos dientes y unos huesos fuertes, y con un sistema nervioso bien fortalecido.

Tu hijo tiene capacidad para aprender qué es su sistema inmunológico. Hazle ver los vídeos de aquellos viejos dibujos de El cuerpo humano, explícaselo de un modo que lo entienda. Tampoco se trata de que comer fruta o verdura sea una imposición constante. Se trata de enseñarle a razonar, a saber que tal verdura o fruta contiene unas vitaminas determinadas, y que esa es la comida de sus células.

Cuando te pida de forma constante que quiere comer hamburguesas, nuggets, alitas de pollo, patatas fritas o cosas por el estilo, podrás justificarle que eso sólo debe comerse de vez en cuando, porque esas cosas no le aportan nutriente y no se puede satisfacer sólo al paladar.

Cuando os sentéis a comer, pregúntale si sabe qué contiene aquel alimento o aquel otro. Ayúdalo a que se plantee esas cosas, con el tiempo lo hará él solo. Sería positivo de hecho que hicieras algún cursillo sobre nutrición para ampliar los conocimientos que tienes -o desterrar falsas ideas que hayas podido adquirir a lo largo de los años. Comer bien no debe ser una obsesión, sino una pauta. Se trata de que todos sepáis distinguir lo que nutre y lo que sólo “está bueno” (o se nos vende bien, pues la mayoría son aditivos químicos añadidos a una carne o a unas patatas cuyo sabor natural nada tiene que ver con el resultante).

Sobre todo, no temas pensando que enseñar a tu hijo a alimentarse le va a restar inocencia o va a empobrecer su diversión de ser niño. Aprender a razonar, y a separar aquello que los medios tratan de venderle de lo que realmente le conviene, va a ser un recurso que no sólo le será útil para estar sano, también para muchas otras situaciones que se le irán presentando a lo largo de su vida.

 

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