Dentrifico casero

Dentrifico casero

Son muchas las personas que avisan de los perjuicios de las pastas dentríficas comerciales y en especial de dos de sus componentes más utilizados, la glicerina y el flúor.

Se dice del flúor que reduce el nivel de yodo del cuerpo y quizás no lo sepas pero el yodo es esencial para el buen funcionamiento de la glándula tiroides. Si esta glándula falla se produce el hipotiroidismo y empezamos a engordar sin saber por qué. El hipotiroidismo subclínico también se manifiesta haciéndote sentir más cansada de lo habitual, bajando tu temperatura corporal y reduciendo tu apetito sexual. De hecho, en algunos países como Canadá y Nueva Zelanda está prohibido añadir flúor al agua potable.

Además del flúor, la pasta de dientes comercial tiene glicerina, un aceite no natural que aporta textura a la pasta pero que impide que los dientes se remineralicen. El dióxido de titanio (muchos temen que sea cancerígeno), el Sodium Lauryl Sulfate (es lo que provoca que la crema sea espumosa cuando lavas los dientes, pero no deja de ser un químico más y una toxina que se acumula en tu cuerpo) y los edulcorantes artificiales son otros de los componentes de la mayoría de cremas dentríficas.

Para evitar todas estas toxinas, siempre es mejor usar opciones naturales.

Hay distintas maneras de elaborar un dentrífico casero eficaz:

  1. El cepillado en seco (o con agua). Es igual de efectivo para eliminar los restos de suciedad de la boca pero no te deja sensación de frescor ni mejora el olor del aliento. Hay estudios que demuestran que el cepillado en seco quita mejor el sarro y hace que se reduzca el sangrado de encías. Lo mejor es usar un cepillo de cerdas suave.
  2. Bicarbonato de sodio disuelto en la misma cantidad de agua caliente.
  3. Polvos dentales elaborados a partir de hierbas. Se venden en farmacias.
  4. Aceite de coco solo o mezclado con un poco de bicarbonato de sodio. El aceite de coco tiene propiedades antifúngicas y antibacterianas. El único inconveniente es que no es un aceite barato.
  5. Sal marina de grano fino disuelta en agua caliente.
  6. Irrigadores bucales. Se basan en eliminar los restos con agua a presión y es lo que usan los dentistas para enjuagar la dentadura después de hacerte cualquier tratamiento, como por ejemplo un blanqueado dental. Lo bueno de este aparato es que no te ralla los dientes, son muy efectivos, especialmente para aquellos que llevan ortodoncias (también llamados aparatos o brackets).
  7. Arcilla blanca. Impide la proliferación bacteriana y conserva el esmalte natural del diente. La puedes encontrar en farmacias o herbolarios.

Muchas personas mezclan estos ingredientes con aceites esenciales y los conservan en pequeños recipientes de cristal con cierre. Para elaborar el aceite sólo tienes que hervir menta, tomillo o salvia y filtrarla con un colador. Luego mezclan dos cucharadas de la infusión con dos de aceite de coco. Añade tres cucharadas de arcilla blanca, media de sal fina y mezcla bien. Viértelo todo en el pote de cristal y déjalo en la repisa del baño para acordarte de utilizarlo (hay quienes lo conservan en la nevera, pero no es práctico).

 

 



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