Como ser feliz

Como ser feliz

Desde pequeños, los dibujos animados, la televisión, el cine, lo que vemos en nuestros padres, en nuestros amigos y conocidos es que la felicidad es tener un buen trabajo, tener dinero, es ser bella o ser bello, es ser admirados por los demás, es tener ese televisor de plasma de última generación o ese coche fantástico gris plateado que nos hipotecará cuatro, seis u ocho años de vida.

Si quieres ser feliz, empieza a desterrar esas ideas, porque la felicidad no tiene absolutamente nada que ver con todo eso. Sólo tienes que pensar que si tu hijo enfermara, por ejemplo, situación en la que te sentirías justificadamente triste, ¿tu belleza qué importaría? Nada. ¿Qué importaría tu deportivo plateado? O tu televisor de plasma, o la admiración de los demás porque eres un famoso de la televisión, por ejemplo, o tener un buen trabajo que te haga ganar una fortuna. Quizás esto último pueda ayudarte a proveer a tu hijo de una mejor clínica, que todos sabemos que no siempre es equivalente a la cura de la enfermedad. Aún en este último caso, en el que pudieras ingresar a tu hijo en la clínica más cara del mundo, tu sensación de infelicidad por su enfermedad iba a ser igual de profunda. Puede que variara tu índice de confianza en el doctor o en los medios que puedan usar, pero tu tristeza sería terrible igual, pues sabrías que la salud es hasta cierto punto incontrolable, y que absolutamente nadie puede darte total garantía de que a tu hijo no le va a ocurrir nada. Como ser feliz, esa es la gran cuestión.

La felicidad es una visión determinada de la vida, son como unas gafas que te pones en un momento dado, o que adquieres por un estímulo que entiendes racionalmente como positivo. La felicidad puede ser una visión prácticamente continua, pero debes entrenar mucho para saber ponerte esas gafas cuando percibas que tu visión se modifica.

Para sentirse feliz y prolongar esa sensación debes empezar por corregir tus valores de vida. Deja de obsesionarte por lo que pensarán los demás de ti y céntrate en evaluarte a ti mismo, ¿qué son las cosas que realmente hacen que te sientas de esa manera? ¿Pasar tiempo con tus hijos?¿Ir a la playa?¿Ver las estrellas de noche?¿Pasear con tu perro por la montaña?¿Cocinar? ¿Y en qué inviertes la mayor parte de tu tiempo? Quizás trabajas todo el día para tener más dinero, pero llegas a casa tan tarde que no puedes ver a tus hijos, ni pasear a tu perro por la montaña, comes cosas precocinadas por no tener tiempo y por la noche estás tan cansado que ni te apetece ponerte unos zapatos cómodos, salir a pasear y ver las estrellas. Tienes más dinero y eres más infeliz ¿no crees que es algo contradictorio?

Ahora plantéate, ese dinero de más que consigues, ¿en qué lo gastas? ¿En un coche?¿En una casa?¿En ropa de marca?¿En zapatos de varios estilos, productos de belleza o en ir al restaurante los domingos a medio día? ¿Acaso no serías igual de feliz teniendo un coche modesto, una casa modesta, la ropa puramente necesaria o quedándote en casa preparando un buen plato de pasta con tu familia? Porque probablemente trabajas más horas por obtener cosas que no afectan en absoluto a tu nivel de felicidad, y estás dejando de hacer todo aquello que realmente te hace sentir bien.

Una vez hayas corregido esto, y tengas más tiempo para hacer las cosas que disfrutas, debes esforzarte por sentirlas plenamente y por limpiar tu cabeza de ansiedades, pues muchas personas no entenderán tu nueva apuesta por ser feliz, quizás porque perjudique a sus propios intereses y/o porque tengan valores desenfocados. Otras veces la ansiedad la generamos nosotros mismos, pues aún no habremos sido capaces de desterrar lo que durante años nos han hecho creer que era la felicidad (ganar dinero, tener éxito laboral, ser admirados por nuestra belleza, etc.)

Ahora que tienes más tiempo para ti, toma la costumbre de concentrarte en las cosas que te dan placer, vincúlate más con la naturaleza, aprende a bloquear los pensamientos negativos y pasa más tiempo sin pensar, sencillamente sin pensar  en nada. Este será el primer paso que te encamine hacia la meditación y hacia ser más consciente sobre ti misma. Céntrate en tu respiración, en cómo la luz impacta sobre las cosas, en lo bonitos que son tus niños cuando duermen, cuando ríen, observa sus fortalezas y sus debilidades, aprende a aceptarlos como son, sin esperar de ellos nada más que lo que son de forma natural. Haz lo mismo con tu pareja, tus hermanos, tus padres y tus amigos, y sobre todo, contigo misma. Aprende a quererte, y a querer a los demás, tal y como son. Pasarte la vida deseando que las cosas sean diferentes a lo que realmente son es garantía de infelicidad permanente. En lugar de eso, aprende a quererte cuando cometas errores, cuando no seas lo “perfecto/a” que el mundo crea que debes ser. Recuérdale a los otros que esas partes “no tan ideales” también forman parte de ti, y que también deben aceptarte con esos aspectos, del mismo modo que tú aceptas todo lo que son ellos.

A medida que vayas conectando más con quien realmente eres, que aprendas a quererte a ti y a los demás de una manera más real y menos distorsionada, que dediques más tiempo a aquellas actividades que te dan placer y dejes de perder tu tiempo de vida en cosas que no te aportan nada significativo en términos de felicidad, tu sensación de bienestar y satisfacción irá creciendo exponencialmente. Una vez seas capaz de ver la vida con esa óptica especial, curiosamente los demás te valorarán y admirarán más que nunca, estarás más fuerte para afrontar cualquier contratiempo de pueda aparecer y vivirás de una forma mucho más plena.

 

 



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